Zoe
La puerta se cerró a nuestras espaldas con un chasquido seco. El eco de la música y las risas de la gala se apagaron de golpe, dejándonos atrapados en una penumbra espesa donde solo se escuchaban nuestras respiraciones agitadas.
No hubo rodeos ni reclamos.
Alexander me acorraló contra la madera antes de que pudiera dar un solo paso hacia adelante. Sus manos grandes me agarraron la cintura con una fuerza bruta, pegándome a su cuerpo sin dejar ni un milímetro de aire entre los dos. Sentí d