ZOE
Tres semanas después de la gala, el olor del café me hizo correr hacia el fregadero antes de que pudiera probarlo.
Me incliné justo a tiempo, con una mano apoyada sobre la encimera mientras esperaba que las náuseas disminuyeran. Era la tercera mañana consecutiva que me ocurría, aunque hasta ese momento había conseguido convencerme de que se debía al estrés, a las pocas horas de sueño o incluso a algo que había comido.
—¿Otra vez? —preguntó Christopher al entrar en la cocina.
Me enjuagué la