ZOE
—¿Qué haces en mi habitación, Zoe? —preguntó Alexander mientras salía del baño.
Me quedé mirándolo sin entender.
Tenía el cabello ligeramente húmedo y estaba terminando de abotonarse los puños de la camisa. Por la expresión de su rostro, parecía tan sorprendido de encontrarme allí como yo de verlo aparecer.
—¿Tu habitación? —pregunté mientras miraba alrededor.
Alexander arqueó una ceja.
—Sí. Mi habitación.
La chaqueta masculina sobre una silla fue lo primero que reconocí. Después vi su relo