—No te molestes en gritar, querida. Nadie te va a escuchar en esta suite insonorizada —interrumpió Zara con una voz helada, avanzando hacia mí con una tranquilidad escalofriante.
—¡Sal de aquí ahora mismo o voy a armar un escándalo! —amenacé, apretando los puños sobre la seda de mi vestido.
—Grita si quieres, Zoe —soltó Zara con una sonrisa llena de veneno—. Pero si haces que tus acompañantes entren, te juro que les voy a mostrar a todas la verdad en este preciso instante. A tu madre campesina,