Alexander
Fueron solo tres segundos. Tres segundos en los que la parálisis del pasado me congeló los sentidos, pero el sabor amargo a vino barato y a manipulación rancia actuó como un latigazo de agua fría sobre mi rostro.
La realidad me golpeó con una violencia brutal. La imagen de Zoe —su sonrisa limpia, su risa ruidosa compartiendo empanadas con sus padres, la calidez de su mirada en la penumbra— cruzó mi mente como una ráfaga de luz destru