Alexander
El motor del auto rugió sobre el asfalto mojado de la avenida principal mientras mi mente se ahogaba en un torbellino de pánico y recuerdos. Conducía a una velocidad imprudente, esquivando luces rojas y camiones de carga, con los nudillos blancos apretando el volante hasta que me dolían los dedos.
«No te muevas. Quédate ahí», la frase resonaba en mi cabeza con la fuerza de una alarma de incendio.
No podía simplemente ignora