Zoe
—¡Estás completamente demente, Zoe! —exclamó Thomas, arrojando el repasador de cocina sobre la barra con un dramatismo digno de una obra de teatro—. ¡Demente con D de desastre inminente!
—Thomas, cálmate un poco —intervino Anna, aunque la mirada que me dirigía no era precisamente de tranquilidad—. Pero tiene razón, amiga. Estás hablando de casarte de verdad con Alexander Miller. No con el chico simpático del café de la