Capitulo 127

Zoe

Dormí exactamente tres horas.

No porque no lo intentara, sino porque cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la misma fotografía: la mano de Alexander en mi cintura, mi cuerpo inclinado hacia el suyo y, peor todavía, mi boca respondiendo a aquel beso como si Christopher no existiera.

A las ocho de la mañana ya estaba entrando en la agencia con el teléfono apretado entre los dedos y una certeza absoluta sobre quién estaba detrás de aquello.

Alexander.

¿Quién más podía ser?

La amenaza del
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