ZOE
Durante los dos días siguientes no recibí ninguna fotografía nueva, ningún mensaje anónimo y ninguna amenaza. Debería haberme tranquilizado, pero ocurrió exactamente lo contrario. Cada vez que mi teléfono vibraba, dejaba de prestar atención a lo que estuviera haciendo para mirar la pantalla, esperando encontrar otra imagen de Alexander y yo haciendo algo que Christopher jamás debía ver.
Alexander tampoco ayudaba.
Después de nuestra conversación había comenzado a observarme con una atención