—No necesitas limpiar la casa, lo haré cuando regrese. Tú, un hombre, no podrás hacer bien estas tareas domésticas.
—Ahora me subestimas. Hago bien las tareas del hogar, excepto cocinar.— Fernando sonrió y con un gesto de la mano dijo: —Ve a trabajar, no llegues tarde.
Aurora lo miró, queriendo decir algo, pero se detuvo.
Las palabras eran difíciles de expresar.
En la casa, que tenía tres habitaciones, quería decirle que no necesitaba irse, que podrían poner otra cama.
Pero, ¿cómo se lo diría a