—Estela —la llamó Felipe.
Pero cuanto más llamaba su nombre, más rápido caminaba ella.
Felipe corrió hacia ella y agarró su muñeca: —¿Por qué caminas tan rápido?
Hablaba con ligereza, sin emociones.
Pero Estela no podía ser tan despreocupada como él.
Se sentía repelida por el toque de Felipe, lo encontraba sucio.
—¡Suéltame! —dijo ella muy seriamente.
Felipe no soltó: —He venido desde tan lejos para verte, me dolería que me evites.
Intentó hacer que Estela olvidara el pasado.
Dijo en una voz sua