Ella intentó empujar el peso que tenía encima.
Pero su fuerza no pudo moverlo ni un poco.
Abrió los ojos.
Le llegó un leve aroma a alcohol.
Frunciendo el ceño y en un tono suave y tierno, preguntó: —¿Has bebido?
—No mucho, solo un poco —respondió él con la cabeza hundida en su cuello y hablando de manera indistinta.
Gabriela lo empujó de nuevo: —Pesas mucho...
Mientras Rodrigo besaba su cuello y jugueteaba con su ropa, no olvidó responder: —No es mucho peso.
Su respiración se volvía cada vez más