—Él lo hizo por sí mismo.
Respondió Aurora sin sentirse culpable en absoluto.
Ya que en realidad no había sido ella quien había herido a Alfredo.
Sin embargo, la señora Sánchez no podía creerla. Preguntó con frialdad: —¿Es un idiota? ¿Se hirió a sí mismo con un cuchillo? ¿Crees tus propias palabras?
—Yo lo creo —respondió Aurora con calma.
La señora Sánchez frunció el ceño: —Tú...
En ese momento, la enfermera intervino: —Por favor, firme aquí.
La señora Sánchez estaba preocupada por la seguridad