Gabriela tenía la garganta tan seca y ronca que ya no podía emitir ningún sonido, y ni siquiera se atrevía a bajar la mano ante la intensa luz, que hacía que le escocieran los ojos.
Sintió un olor. Era el olor de la comida.
Bajó la mano, intentando encontrar dónde estaba la comida, pero, de nuevo, no podía abrir los ojos a causa de la luz.
Aunque quiso utilizar a Gabriela, no se atrevieron a torturarla demasiado.
Por un lado, el uso de la tortura agravió el conflicto.
Luego estaba su partido riv