El hombre que abrió la puerta era alto, un poco más que Rodrigo.
La piel era blanca, pero no delicada.
Fue un blanco áspero.
Pelo peinado hacia atrás, pupilas azul oscuro, muy profundas, rasgos tridimensionales.
No era el tipo impresionante, pero también muy guapo.
Se giró de lado y dijo, "Llevo mucho tiempo esperándote."
Rodrigo entró.
El traje que llevaba, de tanto viajar de un lado a otro sin descanso, estaba muy arrugado, el cuello de la camisa ligeramente abierto y la barbilla burbujeante d