En el salón, Anastasia López se sentó graciosamente en el sofá con un pijama de seda.
—¡Vaya, Gabriela!—enarcó las finas cejas al ver a Gabriela.
Gabriela apretó inmediatamente las manos, durante el tiempo que su madre estaba enferma, ¿esta mujer ya había ascendido a esta posición?
Sus ojos se posaron en la muñeca de Anastasia, en que llevaba un valioso pulsera de jade. Parecía que el dinero que había dado la familia Lozano dió un vuelco a la fortuna de Ramón.
Sintió una gran amargura en su cora