Todo comenzó por iniciativa de Gabriela.
Pero...
Fue ella quien pidió clemencia.
—Tus ojos aún no se han recuperado...
Ella se apoyaba en su pecho.
—Soy ciego, no impotente... —Rodrigo inclinó la cabeza para capturar sus labios y la besó con fuerza.
Había pasado mucho tiempo desde que estuvieron juntos.
Él la extrañaba.
Especialmente en el plano físico.
Con Joan vigilando afuera, nadie se atrevía a entrar a interrumpir.
De día a noche.
Gabriela se acomodó en sus brazos y se sumió en un profundo