Gabriela miró su mano extendida, dudó un momento, pero aún así se acercó y puso su mano en la palma de él. Él cerró sus dedos, apretando suavemente y usando algo de fuerza en su brazo.
Ella, siguiendo el movimiento, se inclinó y se arrastró hacia su abrazo.
—Al llegar, ¿por qué no me avisaste antes? —Rodrigo acariciaba su cabello.
Gabriela se mimetizó en su abrazo: —Si te hubiera avisado antes, seguro que no me dejarías venir.
Rodrigo suspiró: —Solo es que, no quería que me vieras en este estado