Vio a Alfredo andando sigilosamente de vuelta a su habitación.
Gabriela lo llamó: —¿Adónde fuiste?
Alfredo se enderezó y se giró, sonriendo: —Nada.
Gabriela le preguntó: —¿Nadie te dijo que te llamé?
Un destello de incomodidad cruzó la cara de Alfredo.
Parecía avergonzado.
—¿Me llamaste? —preguntó.
Gabriela le aseguró firmemente: —Sí, te llamé. Una mujer contestó. Dijo que estabas bañándote y le pedí que te dijera que me llamaras después. ¿No te lo dijo?
Alfredo sonrió: —No, no me dijo.
Gabriela