No sabría explicar qué sentía esa noche. Me revolcaba en la cama excitada, paladeando los besos y caricias de Marcus, pero a la vez me sentía culpable, porque él era mi paciente, no debía enamorarme de él, sin embargo más podían mis ansias de volver a sus brazos de estar nuevamente a su merced, que me conquiste con sus versos y poemas, que me haga suya y lo único que yo quería era explotar en sensualidad y feminidad, igual a un petardo de dinamita.
Mis pensamientos le pertenecían en absolut