Marcus, ésta vez, besó mi mejilla, muy galante, lo que me estremeció mucho. Me recibió en el hall de su casa. Marcia, como bien imaginan, hacía chirriar sus dientes, viendo las atenciones que me prodigaba su jefe. -Qué hermosa está hoy, doctora-, me dijo él dándome el brazo para que lo tomara. Me hizo sentir una princesa, tanto que reí encantada. Yo me había puesto un vestido corto verde y no tenía pantimedias porque hacía calor.
-No hay mejor terapia que contemplar sus lindos ojos celest