Tenía turno de madrugada, como les conté. Cerca de las tres, decidí tomar un café en mi consultorio, así es que me serví de la máquina expendedora y al cruzar por gerencia escuché un leve sollozo. Me extrañó. Provenía del despacho de Brown. -¿Quién es el que está tan tarde en la clínica?-, arrugué mi naricita. Pensé que a lo mejor era Karlson traficando con más medicinas o que quizás Davids había osado infiltrarse nuevamente en farmacia, así es que picada por la curiosidad entré y ¡plop! en