Leonela estaba preciosa y más encantadora que nunca. -Te apuesto de que estás enamorada-, le dije, mientras ponía las tazas, la mortadela y hervía el agua para el café con leche que íbamos a tomar y disfrutar.
-Ay, estoy saliendo con un chico guapo, pero no sé, lo veo muy tímido, demasiado introvertido, hasta apático-, me dijo ella acomodando sus largotes pelos caoba que le llegaban hasta más abajo de la espalda.
-Entonces tienes que dar tú el primer paso, estamos en épocas en que las m