La mañana llegó demasiado pronto para el gusto de Marcus. Había pasado la noche inquieto, su mente atormentada por los recuerdos del pasado y la incertidumbre del futuro. Maya yacía a su lado, su respiración suave y acompasada contrastaba con la tensión que él sentía en cada fibra de su ser.
Con cuidado de no despertarla, Marcus se levantó y se dirigió al baño, se miró en el espejo, notando las ojeras oscuras bajo sus ojos y la línea tensa de su mandíbula.
—Tienes que mantener el control —se d