Marcus había salido del despacho, pero su furia necesitaba más, así que se dio la vuelta y volvió al interior del despacho.
Al entrar se quedó mirando a Maya que aún yacía hecha un ovillo en el sofá, temblando de miedo.
Una parte de él, la parte que aún recordaba la pasión y la ternura que habían compartido, quería consolarla, abrazarla y prometerle que todo estaría bien.
Pero la otra parte, la parte oscura y vengativa, rugía de furia al recordar las palabras que había leído en aquel maldito l