Marcus decidió explorar la isla por su cuenta, antes de salir, se aseguró de que Maya quedará bajo la vigilancia de sus guardaespaldas.
— Manténganla a salvo y no la pierdan de vista — les ordenó con severidad — Y manténganme informado de cualquier cosa inusual.
— Sí, señor — respondieron al unísono.
Marcus asintió satisfecho y se marchó, internándose en las calles del pintoresco pueblo costero, a medida que avanzaba, notaba las miradas curiosas y recelosas de los lugareños, algunos lo saludaba