La roca arcoíris se atenuó en su pecho, poco a poco sentía su calor enfriándose. Se le llenaron los ojos de lágrimas a la científica mientras caía de rodillas y golpeaba la tierra.
—¿Dónde están todos?—no podía entender—. ¡Vengan por mí!
Lo gritó, sin embargo nadie respondió.
—Bien, si nadie vendrá por mí, yo iré por ellos—se levantó, dispuesta a emprender una carrera lo más rápido y fuerte posible—. Cómo dice Sorma, si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma.
Emprendió la carrera co