—¿Qué te parece?—dijo Msrih mientras alfa y sanador veían los cuerpos destrozados de media docena de desquiciados arder por el fuego que habían creado para asegurarse correctamente de sus muertes. Las rocas en las paredes del castillo brillan con poder que el alfa sintió hasta en la más minúscula célula de su cuerpo e inhala el dulce aroma del dolor de esos lobos mutantes.
—Ellos indiscutiblemente se están volviendo mucho más astutos.
—¿Crees que es por ella? ¿Tendrá algo que ver con este gran