Kary tenía que admitirlo, una vez que se acostumbraba al sol pálido y nada caliente, a los árboles extraños…ese lugar no estaba tan mal.
Las rocas de esos tres colores, incrustadas en la mayor parte de las paredes del castillo eran como venas vivientes de la casa, proporcionando una luz caliente para que las plantas pudieran crecer en el invernadero. Era casi como si el lugar entero tuviera vida propia, como si tuviera un cuerpo con sangre y extremidades… entonces, lo que sintió sentada en