47. Dato científico.

Fue de las pocas noches de mi vida, desde que mi padre me había vendido a los laboratorios, en la que no había tenido pesadillas. En las que me envolvían, en las que me inyectaban cosas extrañas en el cuerpo, me sentía prisionera, me sentía esclava. Fue una noche tranquila. Tuve sueños que no recordé muy bien, pero eran placenteros, tranquilos, fueron una mezcla de sensaciones extrañas, donde el olor del Alfa me llenaba las fosas nasales como si lo tuviera ahí a mi lado.

Y entonces, cuando abrí los ojos en la mañana del siguiente día, en efecto ahí estaba. Tenía sus brillantes ojos claros puestos en mí y me observaba con una curiosidad digna de un niño. Intenté abrir la boca para decir algo, pero me sentí un poco paralizada en ese instante. No sabía qué era lo que estaba pasando, pero me encontré desnuda a su lado, sus rodillas entre mis piernas, la calidez de su piel contra la mía. Incluso podía percibir su cálido aliento golpeando mi mentón.

Estábamos tan cerca que pude distinguir q
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