47. Dato científico.
Fue de las pocas noches de mi vida, desde que mi padre me había vendido a los laboratorios, en la que no había tenido pesadillas. En las que me envolvían, en las que me inyectaban cosas extrañas en el cuerpo, me sentía prisionera, me sentía esclava. Fue una noche tranquila. Tuve sueños que no recordé muy bien, pero eran placenteros, tranquilos, fueron una mezcla de sensaciones extrañas, donde el olor del Alfa me llenaba las fosas nasales como si lo tuviera ahí a mi lado.
Y entonces, cuando abrí