183. El Laberinto de las Mentiras.
En definitiva, se habían roto muchos huesos de mi cuerpo al caer. Pero no pasó más que un instante desde el momento en el que me recibió el hielo hasta que me puse de pie. Bastian hizo lo mismo; pude ver que le sangraba toda la cara. Ojalá hubiera caído de cara. De inmediato se preparó para transformarse.
— ¡Esperen! — gritó Franco detrás de nosotros.
Estaba ayudando a poner de pie a Santiago. Nicolás chillaba un poco más allá; su enorme lobo había logrado romper parte del muro y enormes troz