Esa noche regresé a casa después de una cena donde los cuatro brindamos por el embarazo de Mica. Claro que ella solo bebió agua. David y Nicholas, tal como nos habíamos imaginado, se volvieron locos de alegría con la noticia. En segundos, empezaron a planear y organizar los próximos dieciocho años de su futuro sobrino. Por primera vez en días, las carcajadas de Mica eran sinceras.
Por mi parte aunque sonriera por fuera para aparentar felicidad, mi corazón estaba roto por dentro y mi cuerpo tan