- Respira, maldición... respira... soy yo - gruñó sobre mi cuello, aquel hombre de orbes negros que me perseguía en sueños. Soltándome, lo sentí alejarse y luego encender una lámpara que se encontraba en una pequeña mesa sobre una esquina.
- Estás loco - balbuceé enojada, intentando estabilizarme - ¿Por qué demonios me atacaste así?
- Lo siento... no lo pensé... ¿Estás bien? - preguntó acariciando mi rostro. Asentí sin palabras retirando su mano.
- ¿Qué se supone que debo hacer si no quieres