Al mirar al condescendiente Jacob quien estaba caminando por el camino sin retorno, Charlie agitó su cabeza desanimado y regresó a su habitación.
Claire ya se había duchado y se había puesto un pijama estampada con seda de lavanda.
El pijama le dejaba los hombros al descubierto. Su piel era tan suave y lisa como la del pijama de seda y ésta apenas le cubría la espalda y abrazaba su figura con fuerza. Charlie sintió como su garganta se secaba esta noche mientras miraba fijamente a Claire.
Ella