El aire de la madrugada pareció petrificarse. Alessia se quedó inmóvil junto a la mesa auxiliar, con la vista clavada en la pequeña pantalla del teléfono desechable. El pulso le retumbaba en las sienes con tanta violencia que apenas podía escuchar el murmullo de la ciudad tras los cristales. "La boda se convertirá en su segundo funeral". Las palabras quemaban en la penumbra.
Antes de que pudiera reaccionar o dar un paso atrás, una mano firme y helada se cerró sobre su muñeca con la precisión de