—Muchas gracias por traerme, Peter —dijo Clarisse cuando bajó del auto.
—No hay de que. Me agrada ir por usted y platicar en el camino.
—Sabes que puedes hablarme sin ese formalismo —alegó la chica—. De hecho, creo que sería yo quien deba hablarte con más respeto.
—¿Me acaba de llamar viejo? —preguntó Peter, riendo.
—¡No, lo siento! —chilló entre risas la ojiazul— No quise decirlo de esa manera.
Peter se carcajeó ante la reacción apenada y nerviosa de la chica.
—No te disculpes. Aún no llego a