Sólo habían pasado un par de días desde que Soren se fue de viaje a Malacia y, aunque tenían comunicación constante, Clarisse le parecía extraño no tenerlo cerca. Definitivamente echaba de menos al pelinegro de ojos color ocre, la forma en que la miraba y la sonrisa maliciosa que ponía justo antes de besarla.
Extrañaba la textura de sus labios, la manera en que sus manos la sostenían y juntaba sus cuerpos. Extrañaba su voz, ese acento europeo que aún no lograba identificar y que la excitaba tan