Realmente se sentía indignada por ser ignorada de esa forma. Ya estaba cansada de siempre estar en tercer plano, reducida a nada más que un nombre pronunciado a la distancia. Ella merecía mucho más respeto, en especial del hombre con el que se casaría.
Lo consideraba una terrible ofensa que no podía seguir dejando pasar.
Es por ello que se dirigió directamente a su ala personal y tocó a la puerta con fuerza, y al no recibir respuesta alguna desde el otro lado; decidió entrar. Para mayor disgust