Daliah sintió el calor de los brazos de Oliver rodeándola, ofreciéndole un consuelo que por un instante pareció aliviar el peso que llevaba sobre sus hombros. Sin embargo, la realidad seguía presente, implacable, como un espectro que acechaba cada uno de sus pensamientos
La situación era más complicada de lo que había imaginado. No era solo el miedo a ser madre, sino el miedo a lo que significaría traer un hijo al mundo bajo el yugo de la familia, en un reino que parecía desmoronarse por la amb