―¡Buenos días! ―Malik apartó las cortinas de golpe y la recamara fue bañada por la luz del Sol―. Hora de levantarse. Tienes mucho trabajo que hacer hoy y muy poco tiempo.
―Déjame en paz antes de que te dispare en una pierna ―se quejó Brion con la voz ronca y somnolienta. Se cubrió con las sábanas color vino y lo ignoró.
―Lamento no sentir nada de miedo ante tu amenaza sanguinaria, pero me interesa más que cumplas con tu agenda, alteza real.
Brion hizo una abertura entre los pliegues de la sában