―Clarisse, él te a…
―¡No! ―saltó la chica, dándole un golpe a la mesa que hizo temblar las tasas de café―. No quiero que termines esa oración. No quiero escuchar una mentira tan grande. Él nunca lo hizo, se atrevió a mentirme, y también les mintió a ustedes, pero ahora lo han perdonado porque decidió revelarles que es un príncipe.
―No te confundas. No creas que esto es por algo material.
―¿Entonces cómo es que se lo permiten? Están a su lado luego de todas las mentiras que dijo, ¿o si lo sabían