Cuando estuvo a punto de subirse al auto se detuvo en seco, pues del otro lado de la calle se encontraba nada más y nada menos que su viejo amigo. Sabía perfectamente que él estaba ahí, no obstante, le era sumamente extraño verlo ahora que conocía el gran secreto. Se quedó mirándolo fijamente mientras sostenía la puerta y Zach esperaba que subiera al auto.
―Clarisse, ¿qué estás haciendo? Sube de una vez ―le dijo el chico, pero ella seguía igual de petrificada―. ¡¿Clarisse?! ¡Nos quedamos sin ti