—¡Clarisse! —la pelirroja entró abruptamente a su oficina, dándole un susto de muerte.
—¡Por amor a todo lo bueno, Lorna! ¡Harás que me dé un infarto! ¡¿Por qué entraste así?!
—Lo siento, Clarisse. Sabes cómo es… —se disculpó Zach, entrando detrás de ella.
—Sí, tan sutil y educada cómo una aplanadora.
—Eso duele, no es lo que importa ahora. Tenemos un problema muy grave —le entregó la tableta que tenía en la mano para que viese el correo—. Zola acaba de cancelar el contrato con nosotros. Dice q