—Así que mi madre logró sacarte del sucio agujero en el que te estuviste escondiendo, ¿no? —aquella mirada no cambió en ningún momento, una muestra de que siempre pensaría de la misma manera sobre él.
—Te puedo asegurar que el lugar en el que me encontraba es agradable, Carmina. A diferencia de este lugar donde hasta respirar es una sentencia de muerte, ¿o tú que piensas, Annabeth? —sus ojos pasaron de la madre a la hija, filosos e intensos cómo siempre.
—Ni siquiera intentes meterle alguna de