—No puedo creer que esta vaya a ser la última vez que cenemos juntos —se lamentó Rose, sosteniendo la mano de su hija y con una triste mirada.
—Mamá, no es para tanto. No es como si nunca más nos viéramos otra vez —enunció su hija con un tono consolador.
—Lo sé, pero entiéndeme. Pasaron cinco años para que pudiera verte de nuevo.
—Pero eso ya no pasará otra vez —dijo Glen, tranquilamente para que su esposa se sintiese mucho mejor—. La razón por la que Clarisse no volvía ya no es un problema, as