—¡Ay, cielo santo, Brennan! —le regaño su madre, mientras que Clarisse quiso enterrarse en el jardín.
—¿Cómo dices? —dudó Soren.
—Cómo oíste. ¿Te vas a casar o buscas que te haga café?
—Casi me da un infarto —expresó Rose con la mano en el pecho y el resto rio.
—Yo estuve a punto de tomarlo y salir corriendo —comentó Glen entre risas nerviosas.
—Eso no es de tu incumbencia, Brennan. ¿Por qué en vez de molestar a Soren no te quedas a mi lado a disfrutar de que estoy aquí?
—No, no. Tranquila, Cla