—¡Oh, prima querida! —saludó Macon cuando la vio entrar en la sala común de la mansión—. ¿Adaptándote a tu nuevo hogar?
—¡Macon! —le reprendió Serena entre dientes.
—Te equivocas, Macon. Estoy en este lugar hasta que terminen las reparaciones de mi casa. Luego volveré y todo seguirá cómo antes —expresó la pelinegra sin prestarle atención a la mala mirada que su prima le lanzaba al otro.
—¿Eso es lo que crees?
—Macon… —siseó Ottis, quien cargaba al niño en brazos.
—Bien, cerraré la boca entonces