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Aine se presentó poco antes del mediodía, alegre y radiante como siempre.

—¡Ven, Risa! exclamó—. ¡Ven a ver tu habitación!

—Te espero para almorzar —me dijo Tilda cuando salía tras Aine.

La princesita tomó mi mano y me condujo a paso rápido por el corredor, más allá de las dependencias de las sanadoras, hasta una puerta antes de un recodo, a la que se acced&i

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