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Abrí la mano y encontré una ancha cinta negra. Me la llevé a los labios luchando por contener las lágrimas. No olía a él, pero igualmente evocaba todos los momentos que pasáramos juntos.

—No puede visitarte abiertamente, pero tal vez logre escabullirse inadvertido por la noche.

—Gracias —murmuré.

Brenan me alborotó el cabello riendo por lo bajo. Tilda regresó enseguida, con dos mujeres

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