20

Me quité la cinta negra enjugando mis lágrimas, sus últimas palabras todavía resonando en mis oídos.

—Si Dios quiere, regresaré mañana por la noche.

Serían dos largos días. No tanto por su ausencia, sino porque no tendría forma de saber si estaba bien. Aunque nunca había visto las batallas que tenían lugar en la pradera, ni siquiera de lejos, ayudar a Tea a atender las heridas de los fugiti

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